El templo jubilar de San Antonio de Ribadavia acogió el sábado la celebración solemne de apertura del Año Santo Franciscano, en un acto presidido por el obispo diocesano, D. Leonardo, y que congregó a numerosos fieles de la villa y de distintos puntos de la comarca do Ribeiro.
Durante la celebración, el párroco de Ribadavia, D. José Benito, dio lectura al Decreto episcopal por el que se nombran templos jubilares en la diócesis con motivo del Año Santo Franciscano, constituido por el papa León con ocasión del octavo centenario del tránsito de San Francisco de Asís.
Los templos designados como jubilares en la diócesis son: la Iglesia de San Francisco de la ciudad de Ourense, la Iglesia de San Antonio (San Francisco, vulgo) de Ribadavia, el Monasterio de Santa Clara de Allariz, el Monasterio de San José de Vilar de Astrés, la iglesia parroquial de San Francisco Blanco de O Tameirón, la iglesia parroquial del Beato Sebastián de Aparicio de A Gudiña, y la iglesia parroquial de Santa María de Carballeda, parroquia natal de San Juan Jacobo Fernández.
El obispo, acompañado por los párrocos de la villa, la presencia de los Franciscanos de Ourense y sacerdotes del arciprestazgo, animó a los fieles a vivir con intensidad este Año Santo, siguiendo la estela siempre viva del Pobre de Asís y profundizando en el mensaje evangélico que transmite el testimonio de su vida.
Asimismo, exhortó de manera especial al grupo de la OFS (Orden Franciscana Seglar) y a toda la comunidad diocesana a peregrinar al templo jubilar de Ribadavia, para que continúe siendo un referente del carisma franciscano en estas tierras do Ribeiro.
La celebración concluyó con un momento de especial recogimiento ante el altar de San Francisco y su reliquia. Allí, D. Leonardo elevó una oración por la paz en estos momentos especialmente convulsos, en los que la guerra y la violencia amenazan a numerosos pueblos del mundo. Ante la reliquia del santo de Asís, símbolo universal de fraternidad y concordia, los fieles pidieron el don de la paz, la reconciliación entre las naciones y la conversión de los corazones.
Con este acto solemne, Ribadavia inicia oficialmente un año jubilar que quiere ser tiempo de renovación espiritual, peregrinación y compromiso con los valores franciscanos de sencillez, fraternidad y paz.


