Monseñor Lemos Montanet presidía el domingo 29 de diciembre la apertura del Año Jubilar en la Diócesis de Ourense, comenzando con la estación litúrgica a las 11:30 horas en la iglesia de Santa Eufemia, y saliendo en procesión, con la imagen del Cristo de los Desamparados (Románico, siglo XII) que se venera en la Catedral. El Sr. Obispo portaba la capa pluvial del terno chino-filipino de la Colegiata de Xunqueira de Ambía (siglo XVII) y el báculo de don Francisco Blanco Nájera (Obispo de Ourense, 1944-1952) correspondiente a su Ordenación episcopal y con el que hizo su entrada como Obispo en la Diócesis de Ourense, contando también para esta celebración con el cáliz, del siglo XVI, del Obispo don Cesáreo Rodrigo (Obispo de Ourense, 1876-1895).
La Real Banda de Gaitas de la Diputación acompañó la Procesión desde la iglesia de Santa Eufemia hasta la Catedral donde se realizaba, a la entrada, un rito bautismal ante el Pórtico del Paraíso. Allí permanecerá la pila bautismal durante todo el año 2025.
En su homilía, Monseñor Lemos Montanet, destacaba que este Año Santo «quiere hacer de cada uno de nosotros un peregrino de esperanza en un mundo lleno de individualismos y enfrentamientos, de guerras fratricidas, de graves necesidades y de hambre. En medio de estas circunstancias que no deben aplastar nuestra esperanza ni nuestras iniciativas, en nombre de la Iglesia os invito a que abráis las puertas de vuestra existencia a Cristo, nuestra paz y nuestra esperanza, nuestro compañero de viaje en este año de gracia y consuelo, y a lo largo de toda nuestra vida«. Nos invitaba, además, a «encontrar en Jesús, el Enmanuel, al «Dios con nosotros», la «verdadera puerta» que conduce a la Vida y que nos invita a redescubrir la alegría del encuentro con el Señor, que nos llama a la renovación espiritual y que quiere comprometernos en la transformación del mundo para que este tiempo sea auténticamente jubilar. Depende de todos que esto se haga realidad, pero, de manera especial, es un reto para los sacerdotes. (…) Con esta celebración la «puerta» del Corazón de Dios se ha abierto para ti y para mí, no tengamos miedo de cruzar esa puerta, que es la del perdón, y tras ella nos encontraremos la paz, la alegría y sobre todo la esperanza«.
El Señor Obispo quiso hacer referencia también, en el día de la Sagrada Familia, a esta realidad fundamental en nuestra vida: «Cuando el Santo Padre menciona los «signos de esperanza» que debemos redescubrir en nuestro tiempo y en nuestra sociedad, entre ellos menciona la pérdida del deseo de trasmitir la vida. Este año jubilar el Papa nos invita a mirar el futuro con esperanza, de tal modo que a causa de los ritmos frenéticos de la vida, de los temores ante el futuro, de la falta de garantías laborables y tutelas sociales adecuadas, de modelos sociales cuya agenda está dictada por la búsqueda de beneficios más que por el cuidado de las relaciones, se asiste en varios países a una preocupante disminución de la natalidad (…) La apertura a la vida con una maternidad y paternidad responsable es el proyecto que el Creador ha inscrito en el corazón y en el cuerpo de los hombres y de las mujeres, una misión que el Señor confía a los esposos y a su amor (Bula, nº 9a). La invitación que nos hace el Santo Padre, una vez más, es un apelo urgente, no sólo a la comunidad eclesial, sino a todas las instituciones, para que apoyen la necesidad de crear una alianza social para la esperanza – dice Francisco – , que sea inclusiva y no ideológica, y que trabaje por un porvenir que se caracterice por la sonrisa de muchos niños y niñas que vendrán a llenar tantas cunas vacías que ya hay en muchas partes del mundo (Bula, nº 9c), especialmente en esta Galicia envejecida. Estamos llamados a ser propositivos a la hora de presentar la belleza del matrimonio que es un triunfo y una auténtica inversión de futuro de cara a las nuevas generaciones, mientras que los divorcios – digan lo que digan las estadísticas – son aventuras sin retorno y experiencias de un fracaso«.
«Dejémonos llevar por los sueños de Dios y contemplemos en el umbral de la Puerta Santa a la Sagrada Familia compuesta por Jesús, María y José, y supliquémosle a este icono de la Trinidad en la tierra, que ayude a nuestras familias y que proteja los pasos de aquellos jóvenes en donde brota el amor humano para que sea santificado con la gracia del matrimonio y crezca en ellos, como nos recuerda el Papa, el deseo de engendrar nuevos hijos e hijas, como fruto de la fecundidad de su amor y así en nuestra sociedad surja una perspectiva de futuro y un motivo de auténtica esperanza. Y no nos olvidemos que la clave fundamental de la esperanza es la venida al mundo como nacimiento, de ahí que esa esperanza tenga un nombre propio desde el momento en el que nació en el mundo Nuestro Señor Jesucristo, nuestra esperanza«, finalizaba Monseñor Lemos Montanet.
Al coincidir con la solemnidad de la Sagrada Familia, por la tarde se organizaron distintas actividades (canto de villancicos, talleres y juegos populares) en las principales plazas del centro de la ciudad.








