Que la paz de Dios esté en vuestros corazones:
Como bien sabéis, porque los distintos medios se han hecho eco de este evento, me encuentro con la Delegación española en la ciudad de Quito asistiendo al Congreso Eucarístico Internacional. Os ruego que, en la medida de vuestras posibilidades, realicéis en vuestras comunidades, parroquias o centros de atención pastoral un Acto Eucarístico, uniéndoos a las intenciones del Papa, que nos ha propuesto como lema para este Congreso: «Fraternidad para sanar el mundo«. Contemplando y adorando al Señor presente en la Eucaristía pidámosle que sane las heridas de nuestro mundo, de la sociedad en la que vivimos, sin olvidar que sane tantas heridas como nos encontramos cada día en nosotros mismos. Una de esas heridas es el olvido de Dios y el rechazo de su voluntad. ¿Acaso vivimos de acuerdo con el querer de Dios manifestado en los Mandamientos, que se recogen en la Sagrada Escritura como esos puntos de referencia que guían nuestras vidas? ¿Es la fe en Jesús, el Crucificado Resucitado, la que guía e ilumina nuestra existencia o tan solo nos dejamos llevar de la «ley de la inercia»: obramos de acuerdo con el criterio de que «siempre se ha hecho así» y, por consiguiente nos da pereza cambiar el ritmo de nuestro caminar?
Necesitamos sentirnos interpelados por Jesús mismo que quiere hablarnos desde su presencia eucarística; es necesario dejarnos curar las heridas de nuestra vida y para ello es imprescindible que seamos conscientes de ellas. Sólo las descubriremos si nos dejamos iluminar por Jesús y su Palabra, y también por medio del Sacramento de la Reconciliación. Eran impactantes las filas de penitentes que se acercaban a la Confesión durante los días del Congreso. El primer día quedó bloqueada la capilla que se había instalado en una de las salas del centro de conferencias; fue necesario cambiarla a un auditorio más amplio y siempre, entre ponencias o intervenciones, estaba llena de penitentes. Y no eran personas mayores las que allí se encontraban, sino muy jóvenes.
Os invito a que, durante este fin de semana, os unáis a los hermanos de 58 naciones del mundo que estamos reunidos, celebrando solemnemente la Eucaristía, sin prisas y con piedad, y, al finalizar, con una gran custodia recorreremos las calles de la antigua ciudad de Quito.
Os ruego que este fin de semana, cuando sea de mayor utilidad para el Pueblo de Dios, realicéis un Acto Eucarístico en reparación por las ofensas de que es objeto Nuestro Señor Jesucristo, pidiendo, además, por la santidad del pueblo de Dios, en especial por los sacerdotes y los miembros de la Vida Consagrada, y suplicando al Dueño de la mies vocaciones para el Seminario y para la vida religiosa.
Muy unidos en la Eucaristía, Sacramento del amor de Dios y fuente de esa fraternidad que puede sanar el mundo de sus heridas, os bendigo con afecto.
+ J. Leonardo
En la ciudad de Quito (Ecuador), 11 de septiembre de 2024