El Sábado Santo es un día de silencio y espera. Jesús ha muerto y su cuerpo ha sido colocado en el sepulcro. La Iglesia permanece en oración, meditando el misterio de Cristo que desciende a la muerte y comparte hasta el fondo la condición humana.
Es un día sin grandes celebraciones durante el día, porque es el día en que la Iglesia permanece en espera. Tradicionalmente, también es un día muy unido a la figura de María, que permanece fiel en la esperanza.
Vigilia Pascual
El Sr.Obispo presidió la solemne Vigilia Pascual a las 21:00 horas en la Catedral y administró los Sacramentos de la Iniciación Cristiana a un catecúmeno.
Cuando cae la noche del Sábado Santo, comienzan las solemnes Vigilias Pascuales.
La Vigilia Pascual es la celebración más importante de todo el año. En ella se anuncia solemnemente que Cristo ha resucitado. La liturgia empieza con el lucernario y el encendido del cirio pascual, símbolo de Cristo, luz del mundo. Después se proclaman lecturas que recorren la historia de la salvación, se canta el Gloria, se proclama el Evangelio de la resurrección y, en muchos lugares, se celebran bautizos o la renovación de las promesas bautismales.
La Vigilia expresa que la oscuridad ha sido vencida por la luz y que la muerte no tiene la última palabra. Es el paso de la tristeza a la alegría, del sepulcro a la vida nueva.
La Iglesia proclama que Cristo ha vencido al pecado y a la muerte, y que en Él se abre para toda la humanidad una esperanza nueva. Todo lo vivido en los días anteriores culmina aquí: la cruz no termina en fracaso, sino en vida gloriosa.







