El Viernes Santo la Iglesia conmemora la pasión y muerte de Jesús en la cruz. Es un día profundamente sobrio y silencioso. Es el único día del año en que no se celebra la Eucaristía. La liturgia de este día, después de proclamar la Pasión según San Juan, se centra en la adoración de la cruz, el Madero Santo en que Cristo entregó su vida por nuestra salvación.
En este día los cristianos contemplan a Jesús que entrega su vida por la salvación del mundo. No se trata solo de recordar un sufrimiento, sino de contemplar el amor extremo de Cristo, que acepta la cruz por fidelidad al Padre y por amor a todos. Por eso el Viernes Santo es día de ayuno, abstinencia, oración y recogimiento.











