El 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente se alza la voz para recordar que no podremos construir una sociedad justa mientras millones de mujeres sigan viviendo en condiciones de exclusión, precariedad laboral y desigualdad. Hoy vemos la realidad de tantas mujeres para quienes el trabajo no es fuente de vida, sino causa de sufrimiento, riesgo o discriminación, cuando no de abusos. Concretamente en esta ocasión se propone como eje central para el 8 de marzo, introducir en nuestra reivindicación los efectos de las nuevas tecnologías en el mundo del trabajo, como un elemento que afecta directamente a las mujeres. No todas las personas tienen acceso a las nuevas herramientas del mundo digital: no disponer de dispositivos, conexión estable o competencias digitales implica quedar fuera de oportunidades laborales, formativas y administrativas. Es una vulnerabilidad silenciosa que multiplica todas las demás.

 

El informe FOESSA, que presentaba sus datos para Galicia en las últimas semanas dejando como dato preocupante la fractura social, al dispararse la integración precaria se dispara y cronificarse la exclusión severa en 168.000 personas y el hecho de que la vivienda y el empleo estén fallando como motores de integración en Galicia revela también que un tercio de los hogares vulnerables, muchos de ellos encabezados por mujeres, vive en «apagón digital».