El Obispo de Ourense y el resto de peregrinos ourensanos que participaban este fin de semana en la peregrinación diocesana a Roma con motivo del Jubileo 2025 pudieron unirse el domingo 19 de octubre a la celebración en la que el Papa León XIV canonizó a san José Gregorio Hernández y santa Mª Carmen Rendiles, primeros santos venezolanos.
Este próximo domingo 26 de octubre, a las 20:00 horas, la Catedral de Ourense acogerá la Misa de Acción de Gracias, presidida por el Obispo de la Diócesis, Monseñor Lemos Montanet, por la canonización de estos nuevos santos que ha despertado un gran entusiasmo en la fe del pueblo venezolano presente en Ourense.
La mañana del domingo en la plaza de San Pedro dejó la imagen de una multitud vibrante, colorida y emocionada, 55.000 peregrinos con miles de banderas venezolanas ondeando bajo el sol.
En esa misma ceremonia, el papa León XIV sumó a otros cinco santos: el arzobispo Ignacio Choukrallah Maloyan, mártir armenio asesinado durante el genocidio de inicios del siglo XX; Peter To Rot, laico de Papúa Nueva Guinea ejecutado en 1945; las religiosas italianas Vincenza Maria Poloni y Maria Troncatti; y el laico italiano Bartolo Longo.
José Gregorio Hernández, nacido en Isnotú el 26 de octubre de 1864, es una figura monumental en la cultura venezolana. Intelectual y profesor universitario, dedicó su vida a la medicina y jamás cobró por atender a los necesitados, al contrario, muchas veces costeaba de su propio bolsillo los medicamentos. Su imagen pronto se transformó en símbolo de fe: murales, cuadros y estampas con su rostro adornan hospitales y casas. Murió el 19 de junio de 1919, al ser atropellado en Caracas poco después de comprar medicinas para una anciana. Su figura trascendió la del médico compasivo para convertirse, después de su muerte, en símbolo religioso y de esperanza. En la visita de Juan Pablo II a Venezuela en 1996, cinco millones de firmas —casi un cuarto de la población— solicitaron su canonización.
Por su parte, Carmen Rendiles, nacida en Caracas en 1903, destacó por su fuerza de carácter y vocación religiosa, pese a sufrir una discapacidad física de nacimiento. Ingresó en 1927 en la Congregación de las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento y luego fundó el instituto Siervas de Jesús. Dedicó su vida a fundar escuelas para niñas de bajos recursos y crear obras en favor de los más vulnerables. Tras un accidente en 1974, siguió trabajando en silla de ruedas hasta su fallecimiento en 1977.