El día 23 de mayo de 2025 celebramos el paso de la muerte a la vida de Faustino Míguez con una Eucaristía de acción de gracias en la Catedral presidida por Monseñor Lemos a las 18:00 horas y un Acto cultural a las 20:00 horas en el Centro Cultural de la Diputación en el que rememoraremos la figura de este ilustre santo ourensano, fundador de las religiosas Calasancias. Para este acto se contará con la intervención de Monseñor Lemos Montanet, que hará referencia a la faceta como sacerdote de San Faustino, M. María José Sotelo Superiora General de las religiosas calasancias, quien abordará su faceta educativa y como fundador de las religiosas calasancias, y M. Sacramento Calderón, farmacéutica, quien nos acercará a la faceta científica y como investigador de San Faustino, además de Dña Marta López, historiadora, quien nos planteará el contexto histórico-cultural del Santo.
Cien años de memoria agradecida a la figura de un hombre, Faustino Míguez de la Encarnación, ourensano, que pasó su vida “haciendo el bien” como sacerdote, maestro, investigador, científico y fundador de una congregación femenina dedicada a evangelizar educando, las Hijas de la Divina Pastora Calasancias.
Enmarcar la figura de este ilustre ourensano después de cien años no es tarea fácil; nos acercamos a ella desde el reconocimiento y cariño y desde aquí, como memoria agradecida para honrar el centenario de su paso a la Vida de Dios. Quiere ser semblanza de un hombre que sigue dejando huella a través de su legado en el campo de la educación, de la investigación farmacéutica y en el campo de la espiritualidad como fundador de una Institución educativa, las religiosas Calasancias, Hijas de la Divina Pastora.
Manuel Míguez González, San Faustino Míguez de la Encarnación, nace en una aldea de Acebedo del Rio, Xamirás, en la provincia de Ourense el día 25 de marzo de 1831. Este hecho, junto con su nacimiento en una familia de labradores, sencilla y trabajadora, configuran su carácter de hombre serio, profundo, observador, reflexivo, estudioso y de una gran bondad de corazón. Un niño de ojos abiertos y corazón sensible se convierte en el santo de mirada compasiva hacia el niño y la niña necesitados de educación y en el buen samaritano, de corazón ardiente, que se compadece del hombre herido para atender a la salud del cuerpo y del alma.
Se forma en el Santuario de los Milagros, Maceda, lugar, hoy, de peregrinación y devoción a la Virgen de los Milagros. Ahí descubre, Manuel, una nueva vocación que marcará su vida, ser sacerdote y, además, maestro-educador, para identificarse así con Jesús que ama, enseña y acoge a los niños. San José de Calasanz dejó honda huella en él. Fue ordenado sacerdote el día 8 de marzo de 1856, en la parroquia de San Marcos de Madrid y toma el nombre de Faustino Míguez de la Encarnación, “aquél a quien Dios favorece, afortunado”. Y desde entonces comienza su labor como escolapio y educador: Guanabacoa en Cuba, San Fernando y Getafe en Madrid y Celanova, en la provincia de Ourense serán los lugares a los que Faustino es enviado como escolapio.
Celanova es un lugar especial para Faustino Míguez, un lugar significativo para las religiosas calasancias. Es aquí donde pronuncia el más bello “canto a la educación”, el Discurso pedagógico, conocido como “Discurso de Celanova”, en el que señala las bases educativas de la escuela calasancia. Definirá la educación como “la obra más noble, más sublime, más necesaria, más útil y más agradable, obra divina, creación continuada…” y muestra al niño/a como “la flor de la humanidad que se renueva”. Celanova, el colegio de escolapios en el actual monasterio benedictino, es en aquel momento un foco de cultura y educación para toda la comarca. El P. Míguez, era profesor de ciencias naturales, física y química, botánica y agricultura. En su función de vicedirector del colegio trabaja incansablemente por facilitar la educación y el reconocimiento de títulos para los alumnos. Así consigue que su colegio sea reconocido como centro superior de enseñanza. El día de la inauguración pronuncia el famoso Discurso de Celanova en el que, como se señala anteriormente, define el concepto de educación y las líneas maestras de su visión educativa. Es un canto a la labor que la Escuela Calasancia realiza siguiendo las huellas de Calasanz. Este legado se acrecienta hoy y se enriquece como “tesoro compartido” por las Hijas de la Divina Pastora Calasancias extendidas por Europa, Asia, África y América; legado compartido con tantos laicos y laicas comprometidas con el sueño de Faustino.
Después de su estancia en Celanova, el P. Faustino es destinado a Sanlúcar de Barrameda. Allí dura pocos años. En el año 1873 inicia su estancia en el Real Monasterio de El Escorial como bibliotecario, donde aprovecha para seguir investigando las propiedades curativas de las plantas. Posteriormente, es enviado a Monforte de Lemos (Lugo), para desempeñar el servicio de Rector.
En 1879 vuelve a Sanlúcar de Barrameda. Esta estancia marca su vida. Aquí descubre que las niñas tienen vetado el acceso a la educación. Y lo mismo que Calasanz en Roma vio la necesidad de escolarizar a los niños de las calles del Trastévere romano, Faustino Míguez descubre la necesidad de escuelas para las niñas en Sanlúcar. Impulsado por el Espíritu, inicia una nueva obra: la Congregación de Hijas de la Divina Pastora, que desde la Piedad y las Letras, abra nuevas oportunidades para la infancia femenina.
En 1888 retorna a Getafe y aquí permanecerá hasta su muerte, durante 37 años. Jubilado como maestro, seguía su actividad científica y como director espiritual. Murió a los 94 años en Getafe en 1925.
Fue beatificado el 25 de octubre de 1998 durante el pontificado de Juan Pablo II y canonizado el 15 de octubre de 2017 por S.S. el Papa Francisco.
Hoy celebramos los cien años de su paso a la Vida definitiva, su paso a la plenitud- Somos muchos los que recibimos el legado de este Hombre que, como Jesús, pasó su vida haciendo el bien. Herederos de un legado que es un “tesoro compartido” por tantos laicos y religiosas que se enorgullecen de seguir comprometidos con la educación, “obra más noble y necesaria, más agradable y más de agradecer, obra divina, creación continuada, es la misión de la escuela Calasancia.
