El domingo, 23 de junio, la Catedral de Ourense se vistió de fiesta para celebrar la Solemnidad del Aniversario de su Dedicación, de modo particular en la Misa de 12:00h, presidida por nuestro Obispo, en la que también se bendijo una nueva imagen de san Pedro, réplica de la que hay en el Pórtico del Paraíso, y que se colocó en el retablo de la Conversión de san Pablo, gracias a la generosidad de los “Amigos de la Catedral”.
Cuando se construye un templo cristiano para congregar al pueblo de Dios y celebrar los sagrados misterios, debe dedicarse con una solemne celebración. Ungiendo con el santo crisma el altar y las paredes se significa que la Iglesia está dedicada enteramente y para siempre al culto cristiano (por eso se pudieron ver velas encendidas en cada una de las cruces rojas de la dedicación). 
La Catedral de san Martiño fue dedicada en cuatro ocasiones tras diversas obras importantes. La primera vez fue en el año 1188, la segunda en 1515 –tras la edificación del cimborrio–; la tercera el 23 de junio de 1720 –tras incluir en el retablo mayor los relicarios de los santos Facundo y Primitivo y de santa Eufemia–. Este Domingo conmemoramos 304 años de esta tercera dedicación, aunque hubo una cuarta en 1966 al remodelar el presbiterio tras el Concilio Vaticano II.
Esta fiesta nos invita a renovar nuestra devoción a la Santa Iglesia Catedral, como lugar en el que el Obispo tiene su cátedra y como Iglesia-Madre de toda la Diócesis. Además, a través de este templo entramos en el misterio de la Iglesia como comunión jerárquica. 
Recemos de modo particular por nuestro Obispo y por toda la Iglesia diocesana. A través del Obispo y en la Catedral somos vinculados a Jesucristo por el milagro de la sucesión apostólica y en la Eucaristía presidida por nuestro Pastor, rodeado de todo el pueblo santo, contemplamos un icono vivo de lo que es la Iglesia.