Nueve seminaristas de la Diócesis de Ourense, cinco de ellos del Seminario Mayor diocesano Divino Maestro y cuatro del Seminario Misionero Diocesano Redemptoris Mater recibieron el domingo 4 de febrero los ministerios del lectorado y acolitado de manos de nuestro Obispo, Monseñor Lemos Montanet. Estos ministerios son un paso importante en su formación y preparación para servir a nuestra Iglesia y a nuestra comunidad. Como lectores, serán los encargados de proclamar la Palabra de Dios durante las celebraciones litúrgicas, llevando la luz de la verdad a todos los presentes. Como acólitos, asistirán al sacerdote en el altar, asegurándose de que todo esté listo para la celebración de la Eucaristía.

 

Este es un momento de alegría y gratitud, ya que vemos cómo nuestros seminaristas continúan avanzando en su camino hacia el sacerdocio. Acompañémosles con nuestra oración.

 

Recibir el ministerio del acolitado tiene una gran importancia para mí dentro de este camino vocacional, especialmente por su relación directa con el servicio del altar. Por eso también es una llamada a participar cada día con mayor profundidad de la celebración de la Eucaristía, pidiéndole al Señor que su cuerpo y su sangre aumenten mi amor hacia Dios y hacia los demás (Martín, Redemptoris Mater).

 

Estar en el seminario es para mí un don de Dios. Aquí he descubierto que me ama profundamente y me invita a amar a los demás. Este amor a los hermanos se manifiesta concretamente en el servicio diario que me concede Dios para donarme plenamente al prójimo (Francesco, Redemptoris Mater).

 

Para mí la vocación sacerdotal se implanta dentro de un camino de amor y misericordia de parte de Dios a través de un itinerario de fe adulta en el Camino Neocatecumenal, carisma al cual el Señor me llamó en mi adolescencia, en mi tierra, Venezuela. Estos años de seminario me están ayudando a madurar esta vocación de entrega y amor a Cristo y a su Iglesia (César, Redemptoris Mater).

 

Hace siete años que entré al Seminario Redemptoris Mater de Ourense, procedente de El Salvador. Actualmente me encuentro en la etapa de la itinerancia (praxis misionera) en una parroquia de Vicenza, en el norte de Italia. En  este tiempo el Señor me concede ver más de cerca la universalidad de su Iglesia y mi llamada a la evangelización. Recibir el ministerio del lectorado es para mí una confirmación de que esta llamada es de Dios (Diego, Redemptoris Mater).

 

Actualmente estoy cursando el último año de estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de Ourense. Recibir el ministerio del acolitado supone un importante paso en mi camino hacia la ordenación sacerdotal. Desde niño me sentí llamado por el Señor a seguirle en el sacerdocio; recuerdo con alegría que durante la celebración de una Misa Crismal un Jueves Santo en mi Diócesis natal, al ver todos los sacerdotes reunidos en comunión con el obispo, aquello supuso un signo claro de la llamada de Dios. La promesa de Cristo cuando nos llama al sacerdocio es una promesa que Él cumple; nos hace «pescadores de hombres». Animo a todos los jóvenes que se sientan llamados por el Señor a responderle, como dijo San Juan Pablo II: «Abrid las puestas de par en par a Cristo» (Álvaro, Divino Maestro).

 

Desde pequeño sentía una profunda inquietud por encontrar algo verdaderamente trascendental que le diera sentido a mi vida. Con el tiempo fui descubriendo que me hacía feliz servir a los demás y ayudarlos a ser felices. Encontré un camino a través del ejercicio de la cerrera de Medicina, pero aún ahí sentía que me faltaba algo que pudiera hacer mi vida más plena. Cuando descubrí el sacerdocio entendí que no había mejor manera de ayudar a los demás que llevándoles a Cristo y el sacerdote hace a Cristo presente de una manera muy especial en medio del mundo. Y desde entonces soy entera y verdaderamente feliz (Didier, Divino Maestro).

 

Mi vocación surge a través de las actividades que organizaba la delegación de vocaciones en las que yo empecé a participar cuando tenía aproximadamente 11 años. Poco a poco, fui descubriendo que el Señor me llama a ser sacerdote y a través de pequeños pasos que en el seminario vamos dando –como en este caso el ministerio de lectorado– se va confirmando mi vocación (Jaime, Divino Maestro).

 

Recibir el ministerio de lector es para mí otro peldaño que me acerca a aquello a lo que Dios me llama, que es entregarme a su pueblo para servirlo y apacentarlo. En este caso

concreto, el ministerio nos recuerda la importancia que ha de tener en la vida de cualquier cristiano, pero sobre todo del sacerdote, la cercanía y el trato frecuente con el

Creador, especialmente a través de su palabra, recogida en la Sagrada Escritura. En este momento de mi vida, el acercarme al Señor a través de su palabra, que constituye uno de los elementos fundamentales de nuestra fe, creída y celebrada, me llena de alegría y me impulsa a seguir adelante (Fran, Divino Maestro).

Recibir el ministerio de lector es un paso en mi formación sacerdotal y, aunque no es algo reservado a los futuros sacerdotes, es expresión de la confianza que la Iglesia deposita en mí para el día de mañana ser sacerdote. En estos años he asistido con gozo a las celebraciones en que mis compañeros recibían diversos ministerios. Ahora se acerca el momento en el que seré yo el que reciba uno de ellos como respuesta a la llamada que el Señor me hizo (Carlos, Divino Maestro).

Demos gracias a Dios por todos y cada uno de nuestros seminaristas, recemos por ellos y trabajemos todos unidos, como Iglesia, para que sigan surgiendo vocaciones sacerdotales en nuestra Diócesis. El Seminario es el corazón de la Iglesia diocesana y es tarea de todos. Dios sigue llamando, pero necesita que nosotros seamos sus «altavoces» en medio de esta sociedad y que propongamos con valentía la vocación sacerdotal como un camino apasionante de entrega a Dios y a los hermanos. ¡Sin sacerdocio, no hay Eucaristía! ¡Sin sacerdocio, no hay Iglesia! ¿Qué sería de nosotros sin sacerdotes?